En ese letargo que acompaña mis sueños
sentí que un
aire suave y cálido se apoderaba
de mis labios,
era difícil de explicar, solo podía
sentir como se
congelaba mi cuerpo, un escozor
en mi piel fue
la dulce consecuencia
de esa
impronunciable sensación.
En una
exhalación, el dulce frenesí
de sus besos
empezó a recorrer cada
rincón de mi
cuerpo, era como tener
un millón de
mariposas danzando
con el eco
palpitante de este corazón
que no ha parado
de latir desde ese instante.
Su boca, esa
magia que encierra su boca
está llena de
secretos,
veintiocho
primaveras que han visto florecer
miles de
amaneceres y un sin número
de historias que
has grabado en cada
espacio de mi
boca.
Porque sus
labios abrigados con el color
de un millón de
rosas rojas
hacen que los
quiera besar por toda
una eternidad y
cien años más,
que entre cada
delgada linea que
los dibuja,
navegue este anhelo
de enmudecer el
silencio,
de acallar los
murmullos
que se
desprenden de su interior
apaciguando el
frío de una noche
llena de
estrellas fugaces que se
disipan en la
profundidad de sus ojos.
Podría a
pincelazos mezclar el tinte
del arcoiris,
beber de ellos aquel
néctar que se
junto con el rocío
para enloquecer
a este ser deseoso
de sellar con un
beso
este amor que yo
siento.
Es un fuego
intenso, una lucha
inmensa por ser
el dueño
de esos que
dejan sin aliento
esos que
esconden placeres ocultos
si esos labios
rojos
de los cuales
solo quiero un beso.
¡Un beso que me
arranque el alma
de tus labios
rojos quiero yo¡
esos que me
traen calma
y a la vez una
pasión desenfrenada
por robarte un
beso mujer
de los labios
rojos.

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